Oración , Preghiera , Priére , Prayer , Gebet , Oratio, Oração de Jesus

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CATECISMO DA IGREJA CATÓLICA:
2666. Mas o nome que tudo encerra é o que o Filho de Deus recebe na sua encarnação: JESUS. O nome divino é indizível para lábios humanos mas, ao assumir a nossa humanidade, o Verbo de Deus comunica-no-lo e nós podemos invocá-lo: «Jesus», « YHWH salva» . O nome de Jesus contém tudo: Deus e o homem e toda a economia da criação e da salvação. Rezar «Jesus» é invocá-Lo, chamá-Lo a nós. O seu nome é o único que contém a presença que significa. Jesus é o Ressuscitado, e todo aquele que invocar o seu nome, acolhe o Filho de Deus que o amou e por ele Se entregou.
2667. Esta invocação de fé tão simples foi desenvolvida na tradição da oração sob as mais variadas formas, tanto no Oriente como no Ocidente. A formulação mais habitual, transmitida pelos espirituais do Sinai, da Síria e de Athos, é a invocação: «Jesus, Cristo, Filho de Deus, Senhor, tende piedade de nós, pecadores!». Ela conjuga o hino cristológico de Fl 2, 6-11 com a invocação do publicano e dos mendigos da luz (14). Por ela, o coração sintoniza com a miséria dos homens e com a misericórdia do seu Salvador.
2668. A invocação do santo Nome de Jesus é o caminho mais simples da oração contínua. Muitas vezes repetida por um coração humildemente atento, não se dispersa num «mar de palavras», mas «guarda a Palavra e produz fruto pela constância». E é possível «em todo o tempo», porque não constitui uma ocupação a par de outra, mas é a ocupação única, a de amar a Deus, que anima e transfigura toda a acção em Cristo Jesus.

sábado, 29 de janeiro de 2011

El poder de la oración.


  

La Transfiguration - Η Μεταμόρφωσις (gr.)
«SOBRE EL PODER DE LA ORACION »
La oración es tan fuerte, tan poderosa, que se ha podido decir: "Reza, y haz lo que quieras." La oración te guiará hacia la acción recta y justa. Para agradar a Dios no se necesita más que amor. "Ama, y haz lo que quieras", dice el bienaventurado Agustín (18), "porque el que ama de veras no puede desear hacer algo que no agrade a aquel a quien ama". Ya que la oración es la efusión y la actividad del amor, uno puede en verdad decir de modo semejante: "Para la salvación no se necesita más que la oración continua." "Reza, y haz lo que quieras", y alcanzarás la meta de la oración. Por ella obtendrás iluminación.»Para desarrollar más con detalle nuestra comprensión de este asunto, tomemos algunos ejemplos: 
»1. "Reza, y piensa lo que quieras". Tus pensamientos serán purificados por la oración. La oración iluminará tu mente; ella apartará y ahuyentará todos los malos pensamientos. Esto lo asegura San Gregorio el Sinaíta. Si quieres eliminar pensamientos y purificar la mente, su consejo es: "¡Elimínalos con la oración!" Ya que nada como la oración puede controlar los pensamientos. San Juan Climaco dice también a propósito de esto: "Vence a los enemigos que hay en tu mente con el Nombre de Jesús. No hallarás otra arma como ésta.
 »2. "Reza, y haz lo que quieras". Tus actos serán agradables a Dios y útiles y salutíferos para ti. La oración frecuente, sea acerca de lo que sea, no permanece estéril, porque en ella está el poder de la gracia: Y todo el que invocare el Nombre del Señor se salvará. Por ejemplo: Un hombre que había rezado sin resultado y sin devoción, obtuvo por esta oración claridad de entendimiento y una llamada al arrepentimiento. Una muchacha dada a los placeres rezó de vuelta a su casa, y la oración le mostró el camino de la vida virginal y la obediencia a la enseñanza de Jesucristo. 
»3. "Reza, y no te afanes mucho en dominar tus pasiones por tus propias fuerzas". La oración las destruirá en ti. Porque mayor es Quien está en vosotros que quien está en el mundo, dice la Sagrada Escritura. Y San Juan de Cárpatos enseña que si no tienes el don del dominio de ti, no debes afligirte por ello, sino saber que Dios pide de ti diligencia en la oración, y que ella te salvará. El starets de quien se nos dice en el Otechnik (19) que cuando caía en pecado no cedía al desaliento, sino que se entregaba a la oración, y por ella recuperaba su equilibrio, es un caso a propósito. 
»4. "Reza, y no temas nada". No temas infortunios ni desastres. La oración te protegerá y los evitará. Recuerda a San Pedro, quien tenía poca fe y se hundía; a San Pablo, que rezaba en prisión; al monje que por la oración fue liberado de los asaltos de la tentación; a la chica que fue librada de las malas intenciones de un soldado como resultado de la oración; y casos semejantes, que ilustran el poder, la fuerza y la universalidad de la Oración de Jesús.
 »5. "Reza de un modo u otro, pero reza siempre y no te inquietes por nada". Se alegre de espíritu y sosegado. La Oración lo arreglará todo y te instruirá. Recuerda lo que los Santos -Juan Crisóstomo y Marcos el Asceta- dicen acerca del poder de la oración. El primero declara que la oración, incluso ofrecida por nosotros, que estamos llenos de pecado, nos purifica en seguida. El segundo dice: "Rezar de un modo u otro está dentro de nuestras posibilidades, pero rezar con pureza es un don de la Gracia." Así que ofrece a Dios lo que está en ti poder ofrecer. Dale a Él primero sólo la cantidad (que está en tu poder), y Dios derramará sobre ti fuerza para tu flaqueza. "La oración, puede que seca y distraída, pero continua, creará un hábito y se volverá algo natural, y se transformará en una oración pura, luminosa, apasionada y meritoria." Hay que notar, por último, que si tu vigilancia en la oración es prolongada, entonces, naturalmente, no tendrás tiempo no ya para cometer acciones pecaminosas, sino ni tan sólo para pensar en ellas.
» ¿Ves ahora qué profundos pensamientos se concentran en esta sabia afirmación: "Ama, y haz lo que quieras"; "reza, y haz lo que quieras"? ¡Qué confortante y consolador es todo esto para el pecador abrumado por sus flaquezas, que gime bajo el fardo de sus pasiones encontradas.
»La oración: he aquí reunida la totalidad de lo que se nos da como medio universal de salvación y de crecimiento del alma en perfección. Sólo eso. Pero cuando se menciona la oración, se añade una condición. Orad sin cesar es el mandato de la Palabra de Dios. Por consiguiente, la oración muestra su más efectivo poder y su fruto cuando es ofrecida a menudo, incesantemente; porque la frecuencia de la oración pertenece sin duda a nuestra voluntad, así como la pureza, el celo y la perfección en la misma son el don de la Gracia.
»Así pues, rezaremos tan a menudo como podamos; consagraremos toda nuestra vida a la oración, aun cuando ésta esté sujeta a distracciones al empezar. Su práctica frecuente nos enseñará la atención; la cantidad conducirá ciertamente a la calidad. "Si quieres aprender a hacer bien alguna cosa, sea la que sea, debes hacerla lo más a menudo posible", dijo un experimentado autor espiritual.
»EL PROFESOR: Verdaderamente, la oración es algo grande, y la frecuencia ferviente de ella es la llave que abre el tesoro de su gracia. Pero, ¡cuán a menudo descubro en mí mismo un conflicto entre el fervor y la pereza! Qué dichoso me haría el encontrar el medio de obtener la victoria y de convencerme a mí mismo y despertar a la aplicación constante a la oración!
EL SKHIMNIK: Muchos autores espirituales ofrecen numerosos medios basados en un razonamiento lógico para estimular la diligencia en la oración. Te aconsejan, por ejemplo, impregnar tu mente de pensamientos sobre la necesidad, la excelencia y el provecho de la oración para salvar el alma; adquirir la firme convicción de que Dios pide absolutamente de nosotros la oración y que Su Palabra en todas partes lo manda; recordar siempre que si eres perezoso y descuidado en la oración no podrás hacer progresos en los actos de devoción ni en alcanzar la paz y la salvación y, por lo tanto, sufrirás inevitablemente el castigo en esta vida y el tormento en la venidera; alentar tu resolución por el ejemplo de todos los santos que han obtenido la santidad y la salvación por medio de la oración continua.A pesar de que todos estos métodos tienen su valor, y provienen de una comprensión auténtica, el alma, dada a lo placentero, que está enferma de apatía, aun cuando los haya aceptado y usado, raramente ve su fruto por esta razón: que estas medicinas son amargas para su deteriorado sentido del gusto, y demasiado flojas para su naturaleza profundamente dañada. Porque, ¿qué cristiano hay que no sepa que debe rezar a menudo y con diligencia, que Dios lo pide de él, que somos castigados por nuestra pereza en rezar, que todos los santos han rezado constantemente y con fervor? Sin embargo, ¡cuán raramente da todo este conocimiento buenos resultados! Todo aquel que se observa a sí mismo, ve que justifica bien poco, y en bien raras ocasiones, estos dictados de la razón y de la conciencia, y que, con recuerdo poco frecuente de ellos, vive todo el tiempo de la misma forma mala y perezosa. Y por ello, los Santos Padres, con su experiencia y saber divino, conociendo la flaqueza de la voluntad y el exagerado amor al placer del corazón humano, toman una determinación particular acerca de ello, y por lo que se refiere a esto untan de miel el borde de la taza con la medicina. Ellos muestran el medio más fácil y eficaz de poner fin a la pereza y a la indiferencia en la oración en la esperanza, con ayuda de Dios, de alcanzar con la oración la perfección y la dulce expectativa del amor a Dios.Ellos te aconsejan meditar tan a menudo como sea posible acerca del estado de tu alma, y leer atentamente lo que los Padres han escrito sobre este particular. Ellos ofrecen la alentadora seguridad de que estos deleites interiores pueden ser alcanzados prontamente y con facilidad en la oración, y dicen cuán deseables han de ser. El gozo profundo, una gran efusión interior de calor y de luz, un entusiasmo indecible, la levedad del corazón, una profunda paz y la propia esencia de la beatitud y del contento son todos ellos resultado de la oración del corazón. Sumergiéndose en reflexiones como ésta, el alma débil y fría se enardece y cobra fuerza, se anima de fervor por la oración y es, por así decirlo, tentada a poner a prueba la práctica de la oración. Como dice San Isaac el Sirio:
«El gozo es un acicate para el alma; gozo que resulta de la esperanza que florece en el corazón, y la meditación sobre esta esperanza constituye el bienestar del corazón.» El mismo autor prosigue: «Desde el principio de esta actividad hasta su mismo fin se presupone que hay cierto método y confianza en su culminación, y esto tanto mueve al alma a sentar una base para la tarea como a sacar consuelo de la visión de su meta durante todo el trabajo por alcanzarla.» Del mismo modo, San Hesiquio, después de describir el obstáculo que representa la pereza para la oración, y de quitar ideas falsas acerca de la renovación del fervor por ella, dice por último, abiertamente: «Si no estamos dispuestos a desear el silencio del corazón por ninguna otra razón, entonces que sea por el deleite que el alma experimenta en ello, y por la alegría que aporta.» Se sigue de aquí que este Santo Padre pone la deliciosa sensación de alegría como acicate para la asiduidad en la oración, y del mismo modo Macario el Grande enseña que nuestros esfuerzos espirituales (la oración) deberían ser llevados a cabo con el propósito y en la confianza de que den fruto, esto es, goce a nuestro corazón. Ejemplos claros de la eficacia de este método se encuentran en muchos pasajes de la Filocalía, que contiene descripciones detalladas de los deleites de la oración. Quien lucha contra la flaqueza de la pereza o de la sequedad en la oración debe releerlos tan a menudo como pueda, considerándose a sí mismo, sin embargo, indigno de estos goces y reprochándose siempre su negligencia en la oración.
EL SACERDOTE: ¿No conducirá una meditación así en la persona inexperta a la voluptuosidad espiritual, como llaman los teólogos a esta tendencia del alma, que es ávida de excesivo consuelo y dulzura de la gracia, y no se conforma con ejecutar los actos de devoción por un sentido de la obligación y el deber sin soñar en recompensas?EL PROFESOR: Pienso que los teólogos, en este caso, previenen contra el exceso o la avidez de felicidad espiritual, y no rechazan enteramente el goce y el consuelo de la virtud. Puesto que si el deseo de recompensa no es la perfección, Dios aun así no ha prohibido al hombre pensar en recompensas y consuelos, e incluso Él mismo usa la idea de recompensa para incitar al hombre a cumplir Sus mandamientos y alcanzar la perfección. Honra a tu padre y a tu madre es el mandamiento, y veis la recompensa ir detrás como aguijón para su cumplimiento, para que seas feliz. Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, y ven y sígueme. Aquí está la exigencia de la perfección, y acto seguido viene la recompensa como incitación a alcanzarla: Y tendrás un tesoro en los cielos. Bienaventurados seréis cuando, aborreciéndoos los hombres, os excomulguen y maldigan, y proscriban vuestro nombre como malo por amor del Hijo del hombre 20.
Aquí hay una gran exigencia para un logro espiritual que requiere una excepcional fortaleza del alma y una paciencia inquebrantable. Y por lo tanto, hay para él una gran recompensa y consuelo, que son capaces de suscitar y mantener esta fortaleza excepcional: pues vuestra recompensa será grande en el cielo. Por esta razón, pienso que es necesario cierto deseo de goce en la oración del corazón, y que constituye probablemente el medio de alcanzar diligencia y éxito en ella. Y así, todo esto corrobora sin duda la enseñanza práctica sobre esta materia que acabamos de oír del Padre Skhimnik.EL SKHIMNIK: Uno de los grandes teólogos -me refiero a San Macario de Egipto- habla del modo más claro sobre esta cuestión. Dice: «Así como cuando plantas una vid dedicas tu atención y tu esfuerzo con el propósito de recoger la vendimia, pues si no fuera así toda tu labor sería estéril, así también en la oración, si no buscas el provecho espiritual, esto es, el amor, la paz, el gozo y lo demás, tu trabajo será inútil. Por lo tanto, debemos cumplir nuestros deberes espirituales (la oración) con el propósito y la esperanza de recoger el fruto, es decir, consuelo y gozo en nuestro corazón.» ¿Veis cuán claramente responde el Santo Padre a esta cuestión acerca de la necesidad del goce en la oración? Y, en realidad, me acaba de venir a la cabeza un punto de vista que leí no hace mucho de un autor de temas espirituales, y que era más o menos que el hecho de que la oración sea natural al hombre es lo que constituye la causa principal de su inclinación hacia ella. Así, el reconocimiento de esta naturalidad puede servir también, en mi opinión, como eficaz medio de avivar la diligencia en la oración, el medio que el profesor busca tan afanosamente.Permitidme ahora resumir brevemente los puntos sobre los que dirigí la atención en ese cuaderno. Por ejemplo, el autor dice que la razón y la naturaleza conducen al hombre al conocimiento de Dios. La primera investiga el hecho de que no puede haber efecto sin causa, y ascendiendo por la escalera de las cosas tangibles, de la más baja hasta la más alta, llega al fin a la Causa primera, Dios. La segunda exhibe a cada paso su maravilloso saber, su armonía, orden y gradación, y ofrece el material básico para la escalera que conduce de las causas finitas al Infinito. Así, el hombre natural llega naturalmente al conocimiento de Dios. Y por lo tanto, no hay, ni nunca lo ha habido, ningún pueblo, ninguna tribu bárbara sin algún conocimiento de Dios. Como resultado de este conocimiento, el isleño más salvaje, sin ningún impulso del exterior, vuelve por así decirlo involuntariamente su mirada al cielo, cae de rodillas, exhala un suspiro que él no comprende, con ser tan necesario, y tiene la inequívoca sensación de que hay algo que le atrae hacia arriba, algo que le empuja hacia lo desconocido. Esta es la base de la que parten todas las religiones naturales. Es algo muy notable, con respecto a esto, el que, universalmente, la esencia o el alma de toda religión consista en la oración secreta, que se manifiesta en algún tipo de actividad del espíritu y que es claramente una oblación, aunque más o menos deformada por la oscuridad de la tosca comprensión de los pueblos paganos. Cuanto más sorprendente es este hecho a los ojos de la razón, tanto más se nos impone el que descubramos la causa oculta de esta cosa tan maravillosa, que encuentra expresión en una inclinación natural a la oración. La respuesta psicológica a esto no es difícil de hallar. La raíz, la fuente y la fuerza de todas las pasiones y acciones del hombre está en su innato amor por sí mismo. La noción profundamente enraizada y universal de la propia conservación claramente lo confirma. Todo deseo humano, toda empresa, toda acción tiene como propósito la satisfacción del amor por sí mismo, la búsqueda de la propia felicidad. La satisfacción de esta exigencia acompaña al hombre natural a lo largo de toda su vida. Pero el espíritu humano no se contenta sólo con lo que tiene que ver con los sentidos, y el innato amor por sí mismo nunca mitiga su insistencia. Y así, los deseos se multiplican, los esfuerzos por alcanzar la felicidad se intensifican, llenan la imaginación e incitan a los sentimientos a este mismo fin. El flujo de este sentimiento y de este deseo interior es, cuando se desarrolla, el estimulante natural de la oración. Es un requisito del amor por sí mismo, que alcanza su propósito con dificultad. Cuanto menos consigue el hombre natural alcanzar la felicidad y cuanto más lo pretende, tanto más su anhelo crece y tanto más encuentra en la oración una salida para éste. Se dirige en petición de lo que desea a la desconocida Causa de todo ser. Es así como ese innato amor por sí mismo, el principal elemento de la vida, constituye el estímulo fuertemente enraizado a la oración en el hombre natural. El sapientísimo Creador de todas las cosas ha infundido a la naturaleza del hombre la capacidad del amor por sí mismo precisamente como «acicate», para usar la expresión de los Padres, que tire hacia arriba del ser caído del hombre y lo ponga en contacto con las cosas celestiales. ¡Oh!, ¡si el hombre no hubiese deteriorado esta capacidad, si la hubiese mantenido en su excelencia, en contacto con su naturaleza espiritual! Él hubiera dispuesto, entonces, de un poderoso incentivo y de un medio eficaz de conducirle por el camino de la perfección. Pero, ¡ay! ¡Cuán a menudo hace de esta noble capacidad una baja pasión, cuando la hace instrumento de su naturaleza animal! 
EL STARETS: Os doy las gracias con todo mi corazón, mis queridos visitantes. Vuestra salutífera conversación ha constituido un gran consuelo para mí y enseñado, en mi inexperiencia, muchas cosas de provecho. Que Dios os dé Su gracia en recompensa por vuestro edificante amor.(Se separan todos.)

NOTAS AL CAPÍTULO VI
1 La skhima es una Orden ascética monacal de la Iglesia Ortodoxa, y un skhimnik es el que forma parte de ella. 2 Heb., XI, 6. 3 Sant., II, 10. 4 Rom., III, 20. 5 Rom., VII. 6 Sant., IV, 2. 7 1 Cor., XIV, 14. 8 Rom., VIII, 26. 9 Heb., XIII, 15. 10 Mt., XVIII 3. 11 Jn., IV, 4. 12 Cant., V, 2. 13 Mt., XV, 8. 14 Mt. VII 21. 15 1 Cor., XIV, 19. 16 1 Tim., II, 8. 17 El original ruso trae aquí una nota que reza: «A finales del siglo pasado murió en la Laura Troitskaya un starets, un lego de ciento ocho años; no sabía leer ni escribir, pero decía la Oración de Jesús incluso durante el sueño, y vivió continuamente como hijo de Dios, con un corazón que suspiraba por Él. Su nombre era Gordi.»La Laura Troitskaya es el famoso monasterio de la Santísima Trinidad, cerca de Moscú, fundado por San Sergio en el siglo XIV. El papel que desempeñó en la vida religiosa rusa ha sido comparado en algunos aspectos al movimiento cluniacense. La Laura Troitskaya estuvo íntimamente relacionada con la historia de Rusia, y fue el foco del movimiento nacional que expulsó a los polacos y puso al primer Romanov en el trono ruso en 1613. 18 San Agustín. La referencia es a «Dilige, et quod vis fac». Tratado sobre la Primera Epístola de San Juan, Tratado VII, Capítulo X, parágrafo 8, Edición MIGNE, III, p. 2033.19 Vidas de los Padres, con extractos de sus escritos. 20 Lc., VI, 22.  
DE:http://www.monasterioescalonias.org/textos-espirituales/40-oracion-y-silencio/229-el-poder-de-la-oracion-el-peregrino-ruso.html

La oración hesicasta. Kyrie eleison Señor, ten piedad

Jesus Christ


La oración hesicasta. Kyrie eleison  Señor, ten piedad 

Quiero compartir con quienes lean mi blog esta sabiduría espiritual de la cual he tenido experiencias personales. Es la oración más poderosa que he conocido. Un día pedí una oración a un sacerdote que ama la esencia de la iglesia cristiana ortodoxa u oriental. Toda la vida le estaré agradecida por comunicarme esto y es por eso que hoy quiero darlo a todos no como sacerdote , puesto que no lo soy, sino como alguien del mundo que trata de estar cerca de Dios y con Dios en su diario vivir.
La oración hesicasta, conocida también como la oración a Jesús, es tan simple como fuerte, las palabras son "Señor Jesús, Hijo de Dios ten piedad de mi" o Señor, Ten piedad de mí" "Cristo ten piedad de mí".
Sus raíces son del siglo XIII y se trazan hasta los monjes egipcios del siglo IV, los cuales decían una oración o palabra para enfrentar los pensamientos negativos y tranquilizar su mente, a esta se le llamaba la oración monológica.
Leyendo los evangelios se encuentra a menudo la frase "Señor Ten piedad de mi" entre las personas a las cuales Jesús curó y ayudó.
Macario, uno de los Padres del desierto dijo:
«poner atención en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo cuando tus labios estén en ebullición para atraerlo, pero no trates de conducirlo a tu espíritu buscando parecidos. Piensa tan sólo en tu invocación: Nuestro Señor Jesús, el Cristo, ten piedad de mí»
De un monje del monte Atos llamado Nicéforo el Hesicasta o el Solitario, quien se cree que vivió en el siglo XIII y XIV, viene el método psico-fisico Hesicasta.
"La obediencia del corazón, y la constante presencia de Dios en la conciencia, estableciendo rectas relaciones con Dios, el padre espiritual, los demás hombres y las cosas. Insistiendo en la necesidad de estar libre de toda preocupación, con la conciencia tranquila y sin atadura pasional alguna, se debe: «mantener la atención dentro de sí mismo, en el corazón. Mantener la mente ahí (en el corazón), tratando por todo medio posible de encontrar el lugar donde está el corazón, para que una vez hallado, la mente se centre en él», y así «manteniendo la mente en atención, mantener a Jesús en el corazón, esto es, su oración: 'Señor Jesucristo, ten piedad de mí'.
Esta oración sería la base de toda la vida espiritual, pues es particularmente apta para superar la desintegración interior, domar las pasiones, conquistar la humildad y andar en presencia de Dios.
"Nicéforo en un escrito, al parecer, definitivamente suyo: 'Sobre la sobriedad y la guarda del corazón' dice: «Tú sabes que tu respiración es la inhalación y exhalación de aire. El órgano que sirve para esto son los pulmones que están alrededor del corazón. Así que el aire que pasa por ellos envuelve al corazón. Es así que la respiración es una vía natural al corazón. De modo que habiendo recogido tu mente en ti mismo, condúcela por el canal de la respiración por el que el aire llega al corazón y, juntamente con el aire inhalado, fuerza a tu mente a descender al corazón y permanecer ahí». Más adelante dice Nicéforo: «Además, debes saber que cuando tu mente queda firmemente establecida en el corazón, no debe permanecer en silencio y sin hacer nada, sino que debe repetir constantemente la oración: '!Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí!' y nunca cesar. Pues esta práctica, manteniendo la mente libre de sueños, la vuelve evasiva e impenetrable a las sugestiones del enemigo y cada día la conduce, más y más, a amar y anhelar a Dios». Si Nicéforo el Solitario es autor también del tratado 'Tres métodos de atención y oración', la fecha de éste tendría que llevarse hasta fines del siglo XIII, o las primeras décadas del XIV."


El método Neo-Hesicasta


"El obispo griego-ortodoxo Kallistos Ware, sostiene: «El Nombre es poder, pero una repetición puramente mecánica, por sí misma, es incapaz de lograr algo. La Oración a Jesús no es un talismán mágico. Como en todas las operaciones sacramentales, se requiere que el hombre coopere con Dios a través de su fe activa y su esfuerzo ascético. Estamos llamados a invocar el Nombre con recogimiento y vigilancia interior, manteniendo nuestra mente en las palabras de la Oración, conscientes de a quién nos dirigimos y quién nos responde en nuestro corazón». Este autor contemporáneo, conocedor del entusiasmo por las disciplinas orientales del mundo moderno, dice enfático que la "oración a Jesús" «no es un instrumento para ayudarnos a concentrarnos o relajarnos. No es simplemente una parte de un 'yoga cristiano' un tipo de 'meditación trascendental' o un 'mantra cristiano'. Es una invocación dirigida a otra persona: "Dios hecho Hombre, Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor".

Kallistos Ware resalta la centralidad de la 'oración del nombre de Jesús' de la 'oración del corazón' (de la mente en el corazón), que como verdadero don de Dios no está ligada a técnica alguna. Sin embargo, partiendo de la concepción de la unidad del ser humano, afirma: «El cuerpo no es sólo un obstáculo que sobrepasar, una protuberancia de la materia a ser ignorada, sino que tiene un rol positivo que jugar en la vida espiritual y está dotado con energías que pueden ser encauzadas para el trabajo de la oración». Sería, pues, sólo como una ayuda para la concentración en 'la oración' que el método neo-hesicasta emplea las posturas corporales, el sincronizado ritmo respiratorio y la concentración cordial.

Según hemos visto, la `oración a Jesús' responde a un largo proceso que se extendería desde los ambientes del monacato primitivo, hacia el siglo IV, hasta nuestros días.

EL MÉTODO DE ORACIÓN

'ORACION DEL NOMBRE DE JESUS'

PREPARACION REMOTA
1. Vida cristiana activa en la Iglesia.
2. Obediencia y pureza de mente y corazón.
3. Tranquilidad de conciencia.
4. Humildad.

PREPARACION INMEDIATA

1. Relajación del cuerpo, asumiendo la postura más adecuada.
2. Calmar toda emoción.
3. Eliminar toda actividad mental discursiva o imaginativa.
4. Recogerse en el interior.
5. Ponerse confiadamente en la presencia de Dios.
6. Implorar la ayuda del Espíritu Santo (1Cor 12, 3).

CUERPO

1. Concentrar la atención en el lugar del corazón, manteniéndose en paz y en reverencia.

2. Al ritmo de la respiración (inspiración-espiración) repetir (oral o mentalmente) por un determinado número de veces: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios,/ ten piedad de mí, pecador». En todo momento deberá mantenerse un reverente y vigilante recogimiento.

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En mi oración solamente repito Señor ten piedad - Cristo ten piedad. Mi vida activa religiosa o espiritual es la de mi propa conciencia. Es sabido que la oración en grupo es muy eficaz , de ahí lo de la vida activa en la iglesia primitiva que se plantea.
DE:http://escritosotsocas.blogspot.com/2009/01/la-oracin-hesicasta-kyrie-eleison-seor

BIBLIOGRAFIA SOBRE ESPIRITUALIDADE DA ORAÇÃO DE JESUS

 

EVANGELIO DE LA VERDAD (en preparación)

 

HIPÓSTASIS DE LOS ARCONTES

 

CANTO DE LA PERLA

 

DEL EVANGELIO ARMENIO DE LA INFANCIA

 

SAN ATANASIO -Del Contra gentes

 

SAN GREGORIO DE NISA-De la Vida de Moisés

 

SAN JUAN CRISÓSTOMO -Homilía sobre Juan, I, 11

 

SAN AGUSTÍN

-Tratado I sobre el Evangelio de Juan

-Tratado II sobre el Evangelio de Juan

 

SAN DIONISIO AREOPAGITA-Teología Mística

 

DIÁDOCO DE FÓTICE -De la perfección espiritual

 

SAN MÁXIMO EL CONFESOR

- De la oración 1

-De la purificación del corazón

 

Jesus Christ, ICXC-NIKA

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becassis, Armand-Jerusalén Terrenal, Jerusalén Celestial
Albaicín, Joaquín -El Cristo de Scorsese

Anónimo

Antón Pacheco, José Antonio -La hermenéutica medieval
Davy, Marie Madeleine -La Jerusalén Celestial

Eliade, Mircea-

Emmerich, Ana Catalina -Visión de la Natividad

Evdokímov, Pavel

Hno. FERNANDO DE LA CRUZ

Gnilka, Joachim

Lossky, Vladimir-Teología y mística
Maurice-Denis Boulet, Noelle -Del calendario cristiano
Panikkar, Raimon -De la Trinidad
Pieper, Josef -Del Anticristo

Serrou. Pierre- Vals -Navidad en la Gran Cartuja

Stephane, Henry

Tamos, Georges -Charbonneau-Lassay

Tourniac, Jean -En preparación



DE:http://www.oocities.com/origo_es/index.htm
Déesis - Deisis - Jésus Christ

Anónimo
Fray Alberto Justo
Según la enseñanza del Padre serafín del monte Athos
Vittorio Messori
Tessa Bielecki
Tessa Bielecki
Conversación con el hermano Basili, ermitaño de Montserrat
Higumeno Simeon
Conversación con el Hermano Juan
Anónimo
Conversación de Marie Madeleine Davy con Eric Edelman
Marie Madeleine Davy
Conversacion de Marie Madeleine Davy con Jean Bies
Marie Madeleine Davy
Marie Madeleine Davy
Marie Madeleine Davy
Marie Madeleine Davy
Marie Madeleine Davy
Marie Madeleine Davy
Marie Madeleine Davy
Marie Madeleine Davy
Toscano / Ancochea
Consuelo Marín
Jean Biès
Frithjof Schuon
Frithjof Schuon
Frithjof Schuon
Frithjof Schuon
Conversación de Frithjof Schuon con Jean Bies
Frithjof Schuon
Frithjof Schuon
Frithjof Schuon
Frithjof Schuon
Frithjof Schuon
Frithjof Schuon
Jean Hani
Jean Hani
Jean Hani
Jean Hani
Jean Hani
Jean Hani
Jean Lafrance
Jean Lafrance
Juan Pablo II
Alan Watts
François Chenique
François Chenique
Joachim Bouflet
Jean Tourniac
Roger du Pasquier
Henri-Pierre Rinckel
Anónimo
François Chenique
Varios Autores
Varios Autores
Maestro Eckhart
Maestro Eckhart
Juan Tauler
Juan Tauler
Anónimo
Varios Autores
San Anselmo
Varios Autores
Varios Autores
San Maximilian Kolbe
Raimundo Panikkar
Raimundo Panikkar
Conversación con Laurence Freeman (O.S.B.)
Conversación entre el Hermano Michel y el Lama Namgyal
Roberto Plá
Leo Schaya
Rama P. Coomaraswamy
Anónimo
Christian Bobin
San Agustin
Serafín de Sarov
Máximo el Confesor
Dionisio Areopagita
Willigis Jaeger (O.S.B.)
Willigis Jaeger (O.S.B.)
Jean-Yves Leloup
Jean-Yves Leloup
André Frossard
Elémire Zolla
Arnaud Desjardins
Varios Autores
Mariano Ballester S.J.
Jean-Claude Schmitt
Versión de Bartolomé de Módena
Varios Autores

–––– MUSICA ––––

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Esta página salió a la luz el día 24 de Junio del año 2000, festividad de San Juan Bautista.
La última aportación se hizo el 15 de Agosto del año 2003, festividad de la Asunción.
De momento no se aportarán nuevos textos.

 El 25 de Noviembre del año 2006 la página fué ampliada y trasladada a:

LA ORACIÓN DE JESÚS

LA ORACIÓN
DE JESÚS
 
Cortesía de http://www.obracultural.org/ para la
BIBLIOTECA CATÓLICA DIGITAL

La Oracion a Jesus o La Oracion del Corazon

http://c1972rj.files.wordpress.com/2009/09/jesus.jpg?w=240&h=314http://2.bp.blogspot.com/_vKuJIHtF6HU/TEIXyFWNDlI/AAAAAAAABcM/5KnRBxUDP0E/s1600/jesus.jpg

La Oracion a Jesus o La Oracion del Corazon

Encuentro en esta oracion una excelente manera de rezar.
 
Existe una maravillosa oración que se disfruta alrededor del mundo y se conoce con el nombre de la Oración de Jesús. A veces se le llama "la Oración del Corazón." Esta oración ha sido apreciada por muchas personas a través de los siglos, las culturas y los idiomas. La oración es muy sencilla y se basa en la Escritura.
 
Una persona que "no dio en el blanco" rezó: "Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador" (Lucas 18:13).
 
Otro escritor bíblico escribió: "Oren sin cesar" (1 Tesalonicenses 5:17).
 
Hubo un sermón en la iglesia antigua que decía: "....no hay otro Nombre por el que podamos ser salvados" (Hechos 4:10, 12).
 
Podemos prepararnos para rezar esta maravillosa oración. La oración puede resultar una bendición espiritual inesperada para algunos lectores. La idea básica consiste en orar constantemente poniendo especial atención hacia Dios. La oración se reza durante el día, a medida que hacemos nuestras tareas diarias. La oración es una fórmula que debe rezarse una y otra vez. Con el tiempo y con la práctica, muchas personas encuentran un ritmo de oración natural con su respiración y con el latido de su corazón.
 
1. Devoción al Santo nombre de Jesús como fuente de poder y gracia.
 
2. Advocación a la piedad divina con un pesar y un arrepentimiento interno.
 
3. Repetición frecuente como valiosa disciplina espiritual.
 
4. Repetición que nos conduce a un silencio interno y una quietud como forma de oración contemplativa y libre de imágenes.
 
La Oración de Jesús es: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi, pues soy un pecador."
 
Al decir el nombre de Jesucristo, podemos reclamar nuestra alegría. Con sólo pronunciar su nombre obtenemos una gran alegría y confianza en todo lo que hacemos. Señor Jesucristo, Hijo de Dios. Intente decir éstas palabras una y otra vez. A través de los siglos, una infinidad de creyentes humildes y de buscadores se han compenetrado con Cristo por medio de ésta oración. Si alguno de ustedes desea modificar las palabras para ser más incluyente, intente decir "¡Maestro Jesucristo, Criatura de Dios!" Esta es una oración maravillosa que nos ayuda en nuestra purificación espiritual y nuestra transformación personal. Es parte de la herencia espiritual que debemos reclamar como Cristianos. Nadie nos puede quitar a Nuestro Señor Jesucristo.

Gloria
Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador.
Padre Nuestro
Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador.
La 'oración a Jesús' 1 , conocida también como 'oración del corazón' es una breve fórmula piadosa, Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, algunas veces con el añadido: pecador, repetida en el marco de un método.
 
Se pueden descubrir sus orígenes en el ambiente de búsqueda de una oración continua que sella intensamente la historia espiritual de los primeros siglos cristianos, particularmente el peregrinar de los Padres del desierto. Es doctrina común del monacato primitivo la búsqueda del ideal de la oración continua.
 
Se dice de San Antonio de Egipto (c.250-356), quien ha pasado a la historia como 'el padre de los monjes' que «rezaba constantemente, pues había aprendido que era necesario rezar incesantemente en privado». La aspiración a una oración incesante se nutre de orientaciones como las de San Pablo que exhorta a vivir «perseverantes en la oración» (Rom 12, 12) y a orar «sin cesar» (1Tes 5, 17).
 
Los ejercicios de la memoria o presencia de Dios y el combate contra pensamientos dañinos, así como la 'meditación secreta' (krypte melete ), como metódica y constante repetición, oral o mental, de una oración o frase corta o de una sentencia de la Sagrada Escritura, son el medio donde, a través de un largo proceso histórico, nace y se impone como fórmula privilegiada la 'oración a Jesús'. Ireneo Hausherr, notable estudioso del tema, sostiene que la 'oración' es una fórmula abreviada que sintetiza la espiritualidad monástica de pénzos: lamentación, tristeza, dolor por los propios pecados.
 
LAS JACULATORIAS
La repetición de jaculatorias 2 , oraciones cortas, para alabar al Señor, obtener ayuda o para implorar perdón, se descubre en la temprana tradición cristiana. Ya en tiempos de Casiano (c.360-435) se va enlazando esta práctica con el propósito de alcanzar la oración continua. Otro testigo, de los numerosos que se pueden aducir, es San Juan Crisóstomo (c.344- 407), quien recomienda la repetición frecuente y sucesiva de unas mismas breves palabras. Sin embargo, la explícita invocación al Señor Jesús, como en la 'oración', no está necesariamente ligada a esta difundida práctica. Existe una gran libertad en la elección de la sentencia que se repite buscando la comunión con Dios. Así, por ejemplo, el mismo Casiano recomendaba en sus Colaciones: «Si queréis que el pensamiento de Dios more sin cesar en vosotros, debéis proponer continuamente a vuestra mirada interior esta fórmula de devoción: Ven, oh Dios, en mi auxilio, apresúrate, Señor, a socorrerme. No sin razón ha sido preferido este versículo entre todos los de la Escritura. Contiene en cifra todos los sentimientos que puede tener la naturaleza humana. Se adapta felizmente a todos los estados, y ayuda a mantenerse firme ante las tentaciones que nos solicitan». Arsenio (m. 449), monje del desierto, cuyos dichos son repetidos reverentemente por los monjes, por ejemplo, oraba diciendo: «Señor, dirígeme por el camino de la salvación». Sería fácil seguir citando oraciones breves de diversos padres en las que no se menciona explícitamente 'Jesús' ni 'Señor Jesús' o 'Jesucristo'
 
También es posible encontrar referencias a la invocación del nombre del Reconciliador, pero sin el recurso a la fórmula en la que cristalizó la llamada 'oración a Jesús' ni al marco metódico psico-físico que la acompaña. Como un ejemplo se puede citar una oración de Isaac de Siria, Obispo de Nínive (s. VII): «Oh nombre de Jesús, llave de todos los dones, abre para mí la gran puerta de tu casa del tesoro para que pueda entrar y alabarte, con la alabanza que nace del corazón, como respuesta a tus misericordias que vengo experimentando de un tiempo acá; pues tú has venido y me has renovado con la conciencia del Nuevo Mundo». Otro ejemplo, entre los muchos citables, es el del abba Sisoes, quien en una ocasión confiesa que durante treinta años había rezado así: «Señor Jesús, protégeme de mi lengua».
 
 
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 La Oracion a Jesus o La Oracion del Corazon 

COMPONENTES DE LA 'ORACION A JESUS'
La fórmula que, entre diversidad de frases, va imponiéndose con el correr de los años es: Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador. Sus elementos se pueden encontrar en la Sagrada Escritura. Así, en la oración de los dos ciegos: «¡Ten piedad (eleison) de nosotros, Hijo de David!» (Mt 9, 27). En el ruego de la mujer cananea: «¡Ten piedad (eleison) de mí, Señor, Hijo de David!» (Mt 15, 23). En el pedido del padre del epiléptico: «Señor, ten piedad (eleison) de mi hijo...» (Mt 17, 15). En la oración de los diez leprosos: «¡Jesús, Maestro, ten piedad (eleison) de nosotros!» (Lc 17, 13). También en la oración del ciego de Jericó, que San Marcos llama Bartimeo, que clama: «¡Hijo de David, Jesús, ten piedad (eleison) de mí!» (Mc 10, 47-48; Lc 18, 38-39).
 
Un caso aparte, pero con toda probabilidad vinculado al surgimiento de la 'oración a Jesús', es la prototípica oración humilde del publicano aspirando a la misericordia divina: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de (hilaszeti = se propicio a) mí, pecador!» (Lc 18, 13). En una ocasión, San Juan Crisóstomo, reflexionando en torno al Salmo 4, sostenía: «Resulta sumamente importante saber cómo debemos rezar. _¨_Cuál es la forma correcta? La podemos aprender del publicano; y no tengamos vergüenza de tener como maestro a uno que ha dominado el arte tan bien que unas pocas simples palabras fueron suficientes para que obtuviera perfectos resultados... Si rezas como él lo hizo tu oración será más liviana que una pluma. Pues si este modo de orar justificó a un pecador, cuanto más fácilmente elevará a un hombre justo a las alturas». :cara_angelito: En los dichos de Ammonas, probablemente discípulo de San Antonio, hay un consejo en el que dice: «permanece en tu celda, come un poco cada día y lleva siempre la palabra del publicano en tu corazón. De este modo te salvarás». También Martirio, Obispo sirio de Bet Garmai, conocido igualmente como Sadona (s. VI), en su Libro de la perfección resalta el valor ejemplar de la oración del publicano en la necesaria práctica de la auto-acusación ante Dios y en la humildad de corazón 3 .  En los pasajes citados y en muchos otros de los Evangelios están los elementos fundamentales de la 'oración'; la gracia, la devoción y el tiempo harían el resto.
 
LA TEOLOGIA DEL NOMBRE
 
Es preciso señalar un elemento más en el surgimiento de la 'oración a Jesús'. No se puede dudar de la influencia veterotestamentaria de la 'teología del nombre de Dios' ni de su particular concreción y profundización en el Nuevo Testamento en referencia al Señor Jesús, así como a las acciones realizadas en su nombre. Algunos ejemplos neotestamentarios de esta teología, además de los bien conocidos: «Santificado sea tu nombre» (Mt 6,9; Lc 11,2), del Padre Nuestro; o «bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), de la misión apostólica, se pueden encontrar en referencias al nombre de Jesús, particularmente en la Carta a los Filipenses: «al nombre de Jesús, toda rodilla se doble —en el cielo, en la tierra, en al abismo— y toda boca proclame que Jesucristo es Señor» (2, 9-11); en los Hechos de los Apóstoles: «Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (4, 12); en el Evangelio según San Juan: «Pues sí, os aseguro que, si alegáis mi nombre, el Padre os dará lo que le pidáis. 
 
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APROXIMACION A SUS RAICES
Por lo visto, los remotos fundamentos históricos de la 'oración' se pueden trazar hasta los monjes egipcios del siglo IV, quienes se ejercitaban en la repetición de una palabra o sentencia para enfrentar los malos pensamientos y para pacificar la mente: la oración monológica .
 
La conciencia de la fractura interior del ser humano y de su fragilidad subyace a esta disciplina espiritual que, más allá del combate contra pensamientos inconsistentes o ideas erradas, encuentra una vía positiva en la unificación de todo el ser en Dios. La búsqueda de la paz ambiental (huída del mundo), la soledad y el silencio, y la tranquilidad o paz del corazón constituyen, en sentido amplio, el camino hesicasta (termino derivado de hesiquia palabra griega para quietud, tranquilidad, reposo), que es, precisamente, de lo que se está hablando. Se trata del conjunto de medios cuyo ejercicio favorece la unión con Dios a través de la 'oración incesante', la continua memoria de Dios (mneme Zeoú ).
 
La invocación del nombre de Jesús, ya explícitamente, ya implícitamente, por ejemplo, al decir Señor, se encuentra bien documentada en los testimonios que tenemos de los medios monacales de esos tiempos. Pero, aun cuando en un sentido amplio se puede hablar con toda razón de que esas invocaciones o referencias son una plegaria a Jesús, no se trata todavía de la fórmula establecida que se conoce como la 'oración a Jesús'.
 
Es también en el siglo IV que se descubren testimonios fidedignos del uso de la aclamación Kyrie eleison (¡Señor, ten piedad!) en la liturgia. No es posible medir su influencia en los medios monacales, pero, sin duda, es un dato a ser tenido en cuenta.
Los diversos elementos estaban allí. Con toda seguridad fueron usados libremente, pero el desarrollo sistemático de 'la oración' tomaría aun cientos de años.
 
cont .................... http://multimedios.org/docs/d000315/
 
En el CIC
 
2613 San Lucas nos ha transmitido tres parábolas principales sobre la oración: La primera, "el amigo importuno",66 invita a una oración insistente: "Llamad y se os abrirá". Al que ora así, el Padre del cielo "le dará todo lo que necesite", y sobre todo el Espíritu Santo que contiene todos los dones. La segunda, "la viuda importuna",67 está centrada en una de las cualidades de la oración: es necesario orar siempre, sin cansarse, con la paciencia de la fe. "Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?" La tercera parábola, "el fariseo y el publicano",68 se refiere a la humildad del corazón que ora. "Oh Dios, ten compasión de mí que soy pecador". La Iglesia no cesa de hacer suya esta oración: "¡Kyrie eleison!".
 
2616 La oración a Jesús ya ha sido escuchada por Él durante su ministerio, a través de los signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras,72 o en silencio.73 La petición apremiante de los ciegos: "¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!" (Mt 9, 27) o "¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!" (Mc 10, 48) ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: "¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de mí, pecador!" Sanando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria del que le suplica con fe: "Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!". San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: "Orat pro nobis ut sacerdos noster, orat in nobis ut caput nostrum, oratur a nobis ut Deus noster. Agnoscamus ergo et in illo voces nostras et voces eius in nobis" ("Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a Él se dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros".74
DE:http://foro.univision.com/t5/Cat%C3%B3licos/La-Oracion-a-Jesus-o-La-Oracion-del-Corazon/m-p/381337458